Helen Clark: Discurso de la sesión inaugural de la Conferencia Internacional “Las mujeres y la inclusión social: de Beijing a post-2015”

06-may-2015

Es para mí un honor participar en la sesión inaugural de esta conferencia internacional que se celebra en Buenos Aires sobre las mujeres y la inclusión social.

Agradezco, en primer lugar, al gobierno argentino, por su generosidad al aceptar que Argentina sea sede de la conferencia, y a Su Excelencia la Ministra de Desarrollo Social de la República Argentina, Alicia Kirchner.

Asimismo, expreso mi gratitud hacia mi colega Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, que tanto hace para la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el marco de la ONU y en el mundo en general.

Doy la bienvenida a Su Excelencia Joyce Banda, expresidenta de Malawi, y a Su Excelencia Aisha Buhari, que pronto será la primera dama de Nigeria. Nos honra tenerlas aquí entre nosotros.

Por último, quiero agradecer la presencia de todos los ministros, dirigentes, actores de la sociedad civil, académicos y activistas que nos acompañan hoy.

Esta conferencia se celebra en el año del vigésimo aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Nuestra atención aquí se centrará en Las mujeres y la inclusión social: de Beijing a post-2015.

Argentina es muy adecuada como sede para nuestra conferencia, dada la vitalidad del movimiento femenino argentino y el compromiso del país con las voces de las mujeres. En 1991, cuatro años antes de la aprobación de la Plataforma de Acción de Beijing, Argentina ya había aprobado una ley de cupo femenino para elevar el número de legisladoras en el Congreso Nacional. Todos los partidos políticos están obligados a cumplir esa ley. En la actualidad, la representación femenina en el Congreso de la Nación alcanza casi el 40 por ciento.  Entiendo que la obligación de respetar el cupo femenino rige también a nivel provincial.

La Plataforma de Acción de Beijing sigue teniendo la misma importancia que tenía cuando fue aprobada, durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en 1995. Mujeres de las más diversas profesiones y condiciones sociales provenientes de todo el mundo se reunieron en Beijing con el propósito de acordar un programa progresista para promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Hoy, en 2015, se presentan nuevas oportunidades para establecer un programa transformador para las mujeres. La plena igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres deben ocupar un lugar central entre los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se espera que, en la Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible, que tendrá lugar en Nueva York en septiembre de este año, los dirigentes mundiales aprueben el programa de desarrollo para después de 2015.

En los nuevos Objetivos, que sucederán a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se espera que se establezca un objetivo específico independiente respecto de la igualdad de género y que se integre la igualdad de género en los restantes Objetivos de Desarrollo Sostenible. Así, el desafío consistirá en pasar del establecimiento de objetivos a las acciones concretas que traigan beneficios reales para la vida de las mujeres y las niñas.

Durante los próximos dos días, en esta conferencia se evaluará el progreso realizado con y para las mujeres en materia de inclusión social y erradicación de la pobreza. Asimismo, se analizarán los obstáculos que aún se encuentran en el camino de un desarrollo totalmente inclusivo para las mujeres y las niñas.

Áreas de progreso

Al menos un 50 por ciento de las mujeres del mundo tiene empleos remunerados, lo que representa un incremento con respecto al 40 por ciento en la década de 1990.  En casi todo el mundo se ha alcanzado la paridad de género en la escuela primaria, y más mujeres que hombres reciben educación superior.  En la mayoría de las regiones del mundo, la esperanza de vida de hombres y mujeres ha aumentado de manera sistemática, si bien, en promedio, las mujeres viven más que los hombres.

La participación de las mujeres en los parlamentos nacionales también se ha incrementado a nivel mundial. En 1995, cuando se aprobó la Plataforma de Acción de Beijing, las mujeres representaban el 11,3 por ciento del total de legisladores en el mundo. En la actualidad, un 22,1 por ciento de los legisladores son mujeres, es decir, el doble, si bien aún no se ha alcanzado el piso del 30 por ciento establecido en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Desde 1991, año en que Argentina aprobó la Ley de cupo femenino para los cargos electivos del Congreso, otros 11 países latinoamericanos han aprobado leyes similares. Hoy en día, entre todas las regiones del mundo, América Latina y el Caribe cuentan con la proporción más elevada de legisladoras: un 25,9 por ciento del total.

Retos a superar

Sin embargo, a pesar del progreso realizado en todo el mundo en varias áreas de desarrollo humano, más de 1.200 millones de hombres y mujeres viven en condiciones de extrema pobreza. Si bien ha aumentado el número de mujeres con empleo remunerado, las mujeres están representadas de forma desproporcionada en el escenario del empleo vulnerable. En el mundo, las mujeres ganan, en promedio, un 24 por ciento menos que los hombres.  En general, las mujeres tienen menos probabilidades de acceder a un buen trabajo, a los recursos y al crédito formal que los hombres.

Las mujeres también sufren de lo que podría denominarse “pobreza de tiempo”. Tanto en los países ricos como en los pobres, ellas soportan una carga desproporcionada de tareas no remuneradas que no les permite contar con el tiempo necesario para ocuparse de su trabajo, procurarse el sustento, recibir educación y formación, y participar en la vida pública.

Varios países latinoamericanos están desarrollando e implementando mediciones multidimensionales de la pobreza que integran el concepto de pobreza de tiempo, para poder detectarla, reconocerla como un problema y ocuparse de ella. El tema de las tareas no remuneradas de las mujeres será tratado en el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, titulado “Repensar el trabajo por y para el desarrollo humano”.

Con frecuencia, la pobreza y la exclusión que padecen las mujeres comprenden cuestiones que no se relacionan con la remuneración; por ejemplo, la falta de acceso a la educación y la formación, la salud, el agua potable y el saneamiento. La desigualdad en el acceso a la salud reproductiva es muy marcada. Las mujeres embarazadas que viven en zonas rurales tienen muchas menos probabilidades que las que viven en áreas urbanas de recibir los cuidados profesionales necesarios para garantizar la salud de la madre y el recién nacido.  Esta disparidad, a su vez, acrecienta las diferencias que se observan en las tasas de mortalidad materna de las zonas rurales y urbanas. La salud y los derechos sexuales y reproductivos son una parte esencial del programa de inclusión social y empoderamiento de las mujeres. Muchas mujeres y niñas sufren múltiples formas yuxtapuestas de discriminación por su edad, etnia, pertenencia a pueblos originarios, condición de inmigrantes y/o discapacidad.

¿Cómo se puede lograr, entonces, que el crecimiento y el desarrollo sean más inclusivos para las mujeres?

Son necesarias acciones firmes en todos los niveles para idear e implementar leyes y políticas que incorporen el empoderamiento de las mujeres en el motor del desarrollo sostenible. Ningún país puede desarrollar todo su potencial si no se ocupa de estas cuestiones. Es importante que las mujeres participen en la toma de decisiones que afectan sus vidas y también es importante eliminar las barreras y la discriminación que se interponen en el camino. El PNUD está firmemente comprometido con el logro de esos objetivos en su labor de promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

En la práctica, eso se traduce en el apoyo a los países asociados en la aplicación de una lente de género en todas sus políticas, de modo de garantizar la inclusión de las mujeres. Por ejemplo, cuando se reconoce el tiempo que se emplea en tareas no remuneradas, es posible otorgar prioridad a las políticas destinadas a reducirlo. Entre esas políticas, podría considerarse proporcionar agua y electricidad a ciertas localidades o, en otros contextos, garantizar la asistencia asequible y el apoyo para los niños pequeños, los familiares mayores o los miembros de la familia con discapacidades.

Otras medidas posibles son:

o    apoyar la adopción de reformas legislativas para ofrecer a las mujeres el mismo acceso que los hombres a la tierra, el crédito o los recursos; garantizar la igualdad salarial entre hombres y mujeres; reforzar la protección en el ámbito laboral;

o    promover programas de creación de empleo y procuración del sustento, formación y aprendizaje dirigidos a las mujeres; y

o    garantizar que la protección social satisfaga las necesidades de las mujeres en relación con los seguros de paro y de salud, que deben contemplar el embarazo y el parto.

La violencia sexual y de género también debe tenerse en cuenta como una barrera significativa en el empoderamiento de las mujeres. Priva a las mujeres y las niñas del derecho a estar seguras en su hogar y en su comunidad, e impone enormes cargas directas e indirectas a las sociedades.

Ciertos retos relacionados con la igualdad de género se han vuelto más urgentes desde la aprobación de la Plataforma de Acción de Beijing en 1995. El cambio climático es uno de ellos. Si bien nos afecta a todos, son los pobres y los más vulnerables, incluidas las mujeres y los pueblos aborígenes, quienes sufren primero y con mayor dureza sus consecuencias. Las respuestas al cambio climático deben tener en cuenta esta cuestión, de modo de garantizar que las mujeres y los hombres tengan acceso y control de los recursos que necesitan para adaptarse y mitigar el cambio climático en sus comunidades. El nuevo acuerdo sobre cambio climático que ha de alcanzarse en diciembre debe reconocer el papel fundamental de las mujeres en la administración y la protección de los recursos naturales, y las inversiones destinadas a adaptar y mitigar el cambio climático deben beneficiar también a las mujeres.

Hoy, una cantidad sin precedentes de personas vive en comunidades y países en situación de conflicto y/o con niveles elevados de inseguridad ciudadana. Esas situaciones afectan particularmente a las mujeres. Los niveles de violencia y explotación sexual y de género se elevan durante los conflictos y, con frecuencia, permanecen elevados mucho tiempo después. Durante las negociaciones de paz y los períodos de recuperación, las voces de las mujeres no están debidamente representadas, a pesar de lo que constituyó un importante hito en el ámbito internacional: la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU, de 31 de octubre de 2000, por la cual se insta a los Estados Miembros a garantizar una mayor representación de las mujeres en todos los niveles de la toma de decisiones relativas a la prevención, la gestión y la resolución de conflictos. Promover la igualdad de género es fundamental para la recuperación económica, la cohesión social y la legitimidad política que se necesitan para una paz duradera.

Conclusión

Los retos complejos y multidimensionales del empoderamiento de las mujeres y el crecimiento inclusivo y sostenible se reflejan en el alcance del programa de esta conferencia. Los debates que nos aguardan son sumamente importantes para el programa de desarrollo sostenible en el post-2015. Esta nueva agenda mundial tiene el potencial de transformar las vidas de las mujeres y las niñas de todo el mundo. Sin duda, ése es el futuro que queremos.

PNUD En el mundo

A

Afganistán Albania Algeria Angola Arabia Saudita Argentina Armenia Azerbaiyán

B

Bahrein Bangladesh Barbados Belarús Belice Benin Bhután Bolivia Bosnia y Herzegovina Botswana Brasil Burkina Faso Burundi

C

Cabo Verde Camboya Camerún Chad Chile China Chipre Colombia Comoras Congo (República del) Congo (República Democrática del) Corea (República Popular Democrática de) Costa Rica Côte d'Ivoire Croacia Cuba

D

Djibouti

E

Ecuador Egipto El Salvador Emiratos Arabes Unidos Eritrea Etiopía

F

Filipinas

G

Gabón Gambia Georgia Ghana Guatemala Guinea Guinea Bissau Guinea Ecuatorial Guyana

H

Haití Honduras

I

India Indonesia Irán Iraq

J

Jamaica Jordania

K

Kazajstán Kenya Kirguistán Kosovo (según Res 1244 del Consejo de Seguridad ONU) Kuwait

L

Lao RDP Lesotho Líbano Liberia Libia

M

Macedonia (ex República Yugoslava de) Madagascar Malasia Malawi Maldivas Malí Marruecos Mauricio y Seychelles Mauritania México Moldova Mongolia Montenegro Mozambique Myanmar

N

Namibia Nepal Nicaragua Níger Nigeria

O

Oficina del Pacífico

P

Pakistán Panamá Papua Nueva Guinea Paraguay Perú Programa de Asistencia al Pueblo Palestino

R

República Centroafricana República Dominicana Rusia Federación de Rwanda

S

Samoa Santo Tomé y Príncipe Senegal Serbia Sierra Leona Siria Somalia Sri Lanka Sudáfrica Sudán Sudán del Sur Suriname Swazilandia

T

Tailandia Tanzania Tayikistán Timor-Leste Togo Trinidad y Tabago Túnez Turkmenistán Turquía

U

Ucrania Uganda Uruguay Uzbekistán

V

Venezuela Viet Nam

Y

Yemen

Z

Zambia Zimbabwe